DENTIST-48-WEB-1.jpg

 

La reunión que estas pasadas semanas celebró la Comisión de Especialidades del Consejo General de Dentistas, presidida por los doctores Óscar Castro Reino y Juan Carlos Pérez Varela, ha supuesto la escenificación pública del apoyo que la Odontología española brinda al proyecto y la demostración de que el consenso sobre su imperiosa aprobación es ya una realidad incontestable.

Atrás quedan, por tanto, cientos de encarnizadas discusiones que, en interminables reuniones, enfrentaban de manera periódica al Consejo General, a las sociedades científicas y a las universidades, defendiendo cada una de las partes, con inusitada vehemencia, posturas irreconciliables frente al bien común de la profesión.

La Ley que regula nuestra actividad profesional no estará completa ni adaptada a las exigencias europeas hasta que no alcancemos entre todos la regulación legal y oficial de las especialidades.

Hace unos años, cuando se planificó y se presentó el sistema MIR de formación especializada, los cimientos de la Medicina más rancia se tambalearon ante semejante temeridad, demostrándose unos años después que su implantación había revolucionado, no solo el proceso de formación, sino que había contribuido de manera estratégica en el avance, progreso y eficacia actual de nuestra sanidad.

Las especialidades de la Odontología no serán excluyentes, no generarán interferencias profesionales y contribuirán decisivamente a mejorar el nivel clínico, técnico, social y científico de nuestra profesión.

En pocos años, tal y como ocurre en el ámbito de la Medicina, no habrá odontólogos sin especialidad y esta nueva normalidad completará para siempre nuestra profesión, dotándola de recursos que aún estamos por descubrir y acallará, con la fuerza de la razón, a los interesados apocalípticos que en su día comparaban las especialidades con las diez plagas de Egipto.

 

DENT47-WEB-1.jpg

 

A pesar de las terribles consecuencias de esta pandemia, debemos admitir que de manera paralela se han producido una serie de modificaciones inesperadas en nuestra manera de entender el mundo. Ha aumentado nuestro respeto por los profesionales sanitarios, hemos podido parar y pensar, hemos entendido que la limpieza está relacionada con nuestra salud, ha aumentado nuestra conciencia social, hemos descubierto todas las letras de la palabra familia y que nuestro tiempo, hasta ahora escaso tiempo, nunca nada ni nadie volverá a robarlo.

En estos largos meses, nuestra profesión también se ha transformado, dejando a un lado nuestro secular individualismo, para comenzar a valorar a los otros compañeros, como gotas de un mismo mar. Hemos descubierto que nuestros problemas son comunes, hemos entendido que la comunicación es la única manera de mitigar la angustia, que la espiral económica y tecnológica a veces no conduce a ninguna parte, que nuestros pacientes han sido leales y respetuoso con la situación, que la soberbia y protagonismo profesional en las redes desaparece en un instante y que hemos recuperado valores de nuestra común profesión que creíamos que el marketing y la publicidad habían enterrado definitivamente.

La Odontología durante la pandemia no ha perdido el pulso, ha incorporado nuevos protocolos que quedarán para siempre y ha dado muestras de generosidad que la sociedad sabrá en su momento valorar.

Todos deseamos volver a la normalidad cuanto antes y poder asistir de manera presencial a cursos, congresos y reuniones informales con los compañeros. Creo que todo lo que hemos aprendido en este frenético año y, que al mismo tiempo, hemos quitado para siempre de la mochila, afortunadamente, ya nunca lo volveremos a recuperar. Cerrando la edición de esta revista, recibimos la información de que el Ministerio de Sanidad ha actualizado la estrategia de vacunación, incluyendo a todos los Odontólogos de este país por el riesgo de exposición en su actividad profesional. Además de las consecuencias sanitarias de esta decisión, creemos que es una manera de reconocer públicamente y desde la Administración, a todos los Odontólogos de España como sanitarios de primera línea, comprometidos en su lucha diaria frente a esta terrible pandemia.

 

dentistas-web-46.jpg

 

En estas últimas semanas hemos podido comprobar en las redes sociales y otros medios de comunicación la intensa actividad política que el Comité Ejecutivo del Consejo General de Dentistas ha desplegado con el propósito de informar,  de manera tanto presencial como telemática a los distintos grupos parlamentarios, de la actual situación de la Odontología Española.

Esta iniciativa tan necesaria, no solo tiene un objetivo protocolario, sino también el de concienciar a nuestros representantes políticos de la conveniencia de poner en marcha las iniciativas legislativas necesarias para, entre otras cosas, regular aspectos tan cruciales como la publicidad sanitaria, la titularidad de las clínicas dentales o la plétora profesional.

Resulta paradójico, pero en un parlamento tan Fragmentado como el actual, el consenso y el acuerdo puntual entre posiciones políticas antagónicas resulta mucho más probable que en la situación anterior de bipartidismo, período en el que, por cierto, no pudimos alcanzar ninguna de nuestras, ya históricas, demandas.

Los actuales y pasados atropellos que algunos empresarios sin escrúpulos han provocado en nuestros ciudadanos es una clara justificación para que nuestros representantes no puedan esta vez mirar hacia otro lado, ya que estas iniciativas legislativas que hoy reclamamos, más que un derecho profesional, se han convertido en una emergencia sanitaria.

 

 

 

DENTISTAS-45-WEB-II-comprimido-1.jpg

 

 

 

No sabemos cuál será el escenario económico al que se enfrentará el mundo de la Odontología durante este próximo año, ni cómo influirán las consecuencias sociales de esta pandemia en nuestra profesión.

La mayor parte de las clínicas de nuestro país han retomado su habitual funcionamiento y los pacientes han continuado con sus tratamientos, no cayendo en el abandono que se produjo en su salud bucodental durante la crisis del año 2008, y que provocó, a corto plazo, un incremento desproporcionado en el número de caries.

Las clínicas y los profesionales de la Odontología han respondido a las exigencias de esta emergencia nacional con altas dosis de compromiso, profesionalidad y generosidad. La mayor parte de nuestros compañeros, no solo han cumplido los protocolos establecidos, sino que los han optimizado, aumentando hasta el límite de sus posibilidades económicas los requerimientos exigidos por los órganos sanitarios nacionales e internacionales.

Todos sabemos que en los próximos meses no se alcanzará ningún “milagro científico” en el entorno de las vacunas y que, por tanto, la actual situación se prolongará en el tiempo, lo que nos exigirá adaptarnos de manera continua a nuevos escenarios, modificando nuestros propios protocolos en función de las distintas fases de virulencia que alcance la COVID-19. La imagen de seguridad y confianza que nuestras clínicas han transmitido en estos primeros meses de nuestra extraña normalidad, debe ser ahora refrendada con un papel más activo de nuestra profesión, en primer lugar informando a la población de las medidas de protección ya conocidas, en segundo lugar, insistiendo en las medidas especiales de higiene oral ante la COVID-19 y, por último, haciendo un último esfuerzo personal, para facilitar desde el punto de vista económico el acceso a nuestros tratamientos, especialmente a los sectores de la sociedad más vulnerables.

Hoy, como pocas veces, nos podemos sentir muy orgullosos de la respuesta que la Odontología española ha dado a esta inédita crisis sanitaria, aunque ahora nos queda intentar garantizar, con solidaridad y compromiso ético, la salud bucodental del mayor número de ciudadanos.

DENTISTAS-44-comprimido-1.png

 

Por encima de cualquier otra imagen que nuestra memoria quisiera grabar en el recuerdo de esta pandemia, será difícil de olvidar a la Ertzaintza aplaudiendo a la Guardia Civil, la Generalitat de Cataluña pidiendo ayuda al Ejército Español, a destacados marxistas alabando a empresas capitalistas por sus donaciones a la Sanidad Pública y a dirigentes políticos que repudiaban el confinamiento, alabando la eficacia e idoneidad de dicha medida. Es el mundo al revés.

Las paradojas y los sinsentidos parecen haber modificado nuestra manera de pensar y nuestra existencia, y esta circunstancia nos ha afectado, tanto a nivel personal como profesional.

Cuando el miedo toma el control y la palabra, generalmente, saca lo peor de cada uno de nosotros y esas energías se transforman, habitualmente, en manifestaciones y acciones egoístas e insolidarias.

Durante la pandemia, en nuestra profesión se ha podido demostrar que es muy difícil gestionar lo individual y lo colectivo a la vez. Y así, nuestros criterios individuales se fueron modificando en función de la información que recibíamos y de su posterior interpretación, lo cual explica que una semana exigiéramos a nuestros Colegios un acción concreta, para la semana siguiente solicitar con la misma vehemencia, otra contraria.

Nadie puede negar el esfuerzo y eficacia informativa del Consejo General, trasladada posteriormente con la adecuada interpretación por cada uno de los Colegios, y puedo asegurar que han sido muchos los compañeros de otros Colegios no sanitarios, los que han podido sobrellevar la soledad de estos días con nuestras informaciones y protocolos.

Sinceramente, no creo que con tantos muertos en nuestro entorno, encima tengamos que salir reforzados de esta maldita crisis, ya que no somos una profesión mejor ni peor que antes, aunque sí diferente.

Reconozcamos que, durante estas largas semanas, nos hemos comunicado más entre nosotros, hemos hablado de nuestros problemas, hemos aclarado diferencias, y creo que este ha sido el inicio de la esperada vacuna frente a nuestro eterno individualismo.