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Las reuniones que el presidente y el Comité Ejecutivo del Consejo General de Dentistas han realizado en estas últimas semanas a diferentes autoridades de nuestro país, han tenido diferentes objetivos. Por un lado, trasladar a S.M. la Reina el sentido y alcance del Día Mundial de la Salud Bucodental, destacando el deseo de poder garantizar el derecho de todos los ciudadanos a recibir una asistencia odontológica de calidad, universal y gratuita.

Y, por otro, dar a conocer tanto al ministro de Sanidad y Consumo, como al presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados y a los distintos representantes universitarios, los actuales problemas de nuestra profesión: plétora profesional, ausencia de numerus clausus, paro y subempleo, intrusismo o la existencia de una publicidad engañosa y denigrante, que cada día golpean nuestra ya maltrecha dignidad profesional.

Este conjunto de reuniones han tenido una especial importancia para nuestra profesión: la mayoría de los representantes políticos y sociales desconocían la situación de crisis profesional y económica a la que nos enfrentamos desde hace ya ocho años. Además, que las soluciones que se podrían encontrar para nuestros problemas son muy diferentes a las que habitualmente aplican y plantean nuestros políticos en otros ámbitos profesionales de la Sanidad. Por ello, es necesario reconocer que la mayor parte de los profesionales de la Odontología en este país han tenido que plantar cara a la crisis sin poder recortar sus gastos corrientes, sin disminuir la calidad de los materiales utilizados y, sobre todo, mejorando la atención a cada uno de sus pacientes, a pesar de una disminución progresiva de los ingresos, circunstancia a la que han hecho frente en muchos casos, con su propio patrimonio. Todas estas circunstancias deben de ser conocidas de primera mano por las autoridades políticas e institucionales, para que comprendan las singularidades de nuestra profesión, la reconozcan como un servicio público necesario y para que se busquen de manera urgente un conjunto de soluciones para una profesión, que siempre ha cumplido con sus obligaciones y cuyos privilegios, son tópicos del inconsciente colectivo, afortunadamente, ya anclados en el pasado.

Los ponentes de la VII Jornada Informativa del Consejo General sobre especialidades en Odontología han reclamado su necesaria implantación en España, para evitar así agravios comparativos con otros países de la Unión Europea. Asimismo, han incidido en la necesidad de implementar y planificar un plan de formación de tres años a tiempo completo, haciendo hincapié en la creación de una comisión nacional de dicha especialidad integrada por odontólogos.

Pero, además de una interesante jornada informativa, en la que cada uno ha tenido la oportunidad de expresar su opinión y experiencias, este acto ha posibilitado un acercamiento personal, para iniciar así, el fin de la “guerra fría” en la que se habían convertido las relaciones entre el Consejo General, las universidades y las sociedades científicas.

No es momento de indagar ni buscar las razones que en su día propiciaron esta situación, ni tan siquiera de declarar a vencedores o vencidos, en una batalla entre próximos, que nunca debió iniciarse.

Las especialidades oficiales de la Odontología, deben convertirse en una de las principales reivindicaciones del actual Comité Ejecutivo. En primer lugar, porque el desarrollo científico, técnico, social y profesional de la Odontología así lo exige, y en segundo lugar, porque culmina el desarrollo de la ley que dio origen a la profesión de odontólogo en nuestro país; y también, porque nuestros jóvenes necesitan cada vez, ser más competitivos, en un mercado profesional que ya no tiene fronteras.

Los ministerios responsables de su creación y desarrollo, solo nos escucharán y atenderán nuestra justa demanda, cuando los interlocutores sean una sola voz que hable exclusivamente en nombre de todos los dentistas de España sin anteponer viejas rencillas ancladas en el baúl de los recuerdos.

Pero no olvidemos que el camino será largo, sinuoso y lleno de obstáculos, y que también existen, muchos intereses en contra de su creación, unos confesables y otros que siguen agazapados en la sombra de los intereses particulares.

Por esta circunstancia es necesario, a partir de ahora, aproximar y consensuar posiciones para que realmente las especialidades en Odontología se conviertan en un objetivo común de todos. No serán necesarios grandes debates ni estrategias políticas arriesgadas, sino la búsqueda de una fórmula docente y eficaz que contente a la mayoría.

Como decía Paulo Coelho, una gran conquista es siempre el resultado de pequeñas victorias que suelen pasar desapercibidas.

Resulta evidente la importancia que el nuevo presidente del Consejo General D. Óscar Castro Reino y su Comité Ejecutivo quieren dar a las relaciones entre los Ministerios de Sanidad, Educación y el Consejo General de Dentistas.

Por esta razón, uno de sus primeros actos institucionales ha sido la visita protocolaria a la secretaria general del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dña. Pilar Farjas Abadía, con el propósito de exponerle y reivindicar, entre otros asuntos, medidas efectivas contra la plétora profesional, promover la creación de las especialidades oficiales de la Odontología, desarrollar una regulación especial para la publicidad sanitaria y ampliar, en la medida de lo posible, la cartera de servicios odontológicos del Sistema Nacional de Salud.

Se trata, sin lugar a dudas, de viejas y conocidas reivindicaciones, que ahora precisan de las innovadoras ideas de este ejecutivo, para no caer de nuevo, en el saco roto de la frustración. Pero, tan importante, como las acciones concretas desarrolladas hasta este momento para alcanzar estos objetivos comunes, ha resultado el cambio de actitud de los nuevos dirigentes que creen que solo el diálogo, el debate sereno y el respeto a las opiniones contrarias pueden ser el camino para que todos los dentistas, podamos ser escuchados y respetados en las altas instituciones.

Los dentistas nos debemos concienciar, al igual que ya lo han hecho otros Colegios Profesionales como los farmacéuticos, de la necesidad de entablar un diálogo continuo y eficaz con los políticos que nos gobiernan, y para ello, deben implementarse medidas eficientes que aseguren esta continuidad.

La mejor campaña publicitaria siempre se desarrolla en la proximidad de las mesas donde se toman las decisiones que afectan a una profesión, y en este sentido, debemos estar confiados, ya que el nuevo presidente conoce casi todos los vericuetos, que pueden conducir nuestra voz a las cercanías del poder.

Siempre que se produce un relevo en cualquier institución pública o privada se producen dos sentimientos contrapuestos.

Por un lado, el temor ante los cambios desconocidos o inalcanzables y, por otro, la lógica ilusión que cualquier innovación o transformación genera en todos los seres humanos.

Este tipo de circunstancias, serán aún más intensas tras las actuales elecciones al Consejo General de Dentistas, ya que en ellas se decide quién será el presidente que sustituirá a Manuel Alfonso Villa Vigil, tras un mandato de casi 19 años al frente del Consejo General.

No creemos que el principal objetivo del nuevo presidente y de su Comité Ejecutivo, sea llevar a cabo una transformación radical de la realidad. Más aún, los actuales tiempos de crisis económica y profesional y en ciernes de la futura Ley de Servicios y Colegios Profesionales exigen una defensa a ultranza de las actuales estructuras, consolidar objetivos comunes y reivindicar la vigencia del Consejo General como medio eficaz de garantizar la cohesión interterritorial.

Habitualmente confundimos el significado de dos palabras que pueden ser complementarias, pero que de hecho son diferentes: lealtad y fidelidad.

La fidelidad es el cumplimiento de una promesa a pesar de los cambios de ideas, las convicciones y los sentimientos que provocan el paso del tiempo. La fidelidad es una acción soberana en la que se exige decidir hoy, lo que se va a hacer en el mañana, bajo condiciones que no podemos prever.

Por el contrario, definir la palabra lealtad es más complejo. Por un lado, la lealtad individual es uno de esos principios que todos sabemos lo que significa, aunque nadie sea capaz de explicarlo con precisión.

Sin embargo, la lealtad institucional es un principio básico recogido en nuestros ordenamientos y que aparece reflejado en multitud de normas básicas.

Por eso, seamos Colegiados, Vocales o Presidentes, la lealtad institucional nos obliga a todos a tener un comportamiento leal y legal con las entidades y con las personas que ocupan los cargos de representación en la medida que dirigen y defienden el bien colectivo. Pero esa misma lealtad nos obliga a distinguir y separar a las personas de las instituciones, ya que nuestra obligación no es la de ser leal a una persona porque sí, sino por el cargo que representa que a su vez aglutina a todos los representados.