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Todos Tenemos la obligación de escuchar. Cuando tengas la oportunidad de leer esta revista profesional en tu consulta habrá caído, para alivio de todos, el pesado telón de las elecciones generales. Por lo tanto, hoy al escribir este editorial, no conocemos si gobernarán unos pocos en minoría, si habrá pactos de legislatura o si por el contrario la desmedida ambición de poder de otros, interrumpirá temporalmente, la deseada recuperación económica que tanto necesita esta profesión.

Los compañeros de profesión que ya peinamos canas, recordamos un conocido anuncio de la televisión que, en la década de los sesenta, intentaba prevenir la quema de los bosques con esta conocida frase: “cuando un monte se quema, algo suyo se quema…”. Desde entonces y hasta ahora, miles de teorías han intentado justificar la quema incontrolada de nuestros bosques, repartiendo culpas y pecados entre madereros, agricultores, ganaderos, especuladores, políticos y pirómanos, sin que se haya podido alcanzar, durante todos estos años, ninguna solución acertada que ponga fin a esta atrocidad que se comete contra nuestra naturaleza. La reciente declaración del Consejo General de Dentistas, apoyada por la Asociación Nacional de Estudiantes de Odontología y otras muchas Instituciones, en contra de la creación de una nueva Facultad de Odontología en la Comunidad Autónoma de Murcia, no solo indica que la problemática de la profesión sigue siendo la misma, sino que llueve sobre mojado, a pesar de las continuas y justificadas advertencias de la profesión, que la sordera crónica de la ANECA se niega a escuchar. Porque realmente, ¿cuáles son las auténticas razones que llevan a nuestros dirigentes políticos a crear facultades sin sentido, sin necesidad y sin el apoyo de la profesión? Resulta evidente que el proyecto de crear una Facultad de Odontología es un argumento goloso para la captación de votos y de ahí la cercanía que estas iniciativas guardan con las citas electorales. Pero también porque los políticos suelen justificar el caudal de riqueza social y económica, además de convertirse su implantación en un estímulo previsible de creación de empleo que hipotéticamente viene unido a la toma de estas decisiones y a la posterior petición subliminal del voto.

La designación de España como sede del Congreso 2017 de la Federación Dental Internacional (FDI) ha supuesto la aparición de una luz al final de un túnel en el que nos había metido la crisis económica, social y profesional que ha asolado nuestra profesión durante estos últimos años.

Esta excelente noticia tiene además una serie de consecuencias para nuestra profesión que no debemos olvidar:

En primer lugar, supone el reconocimiento de las acciones políticas y profesionales que el Consejo General de Dentistas ha desarrollado a nivel internacional durante los últimos años, acciones e iniciativas, que por cierto, no siempre han sido comprendidas por todos.

En segundo lugar, representa una respuesta a las políticas de cohesión interterritorial que ha puesto en marcha este Comité Ejecutivo, y que ha facilitado la unanimidad en el proyecto y en una designación de la que todos, sin exclusiones, nos debemos sentir orgullosos, ya que es nuestro país y no un determinado territorio, quién organiza el evento.

Las reuniones que el presidente y el Comité Ejecutivo del Consejo General de Dentistas han realizado en estas últimas semanas a diferentes autoridades de nuestro país, han tenido diferentes objetivos. Por un lado, trasladar a S.M. la Reina el sentido y alcance del Día Mundial de la Salud Bucodental, destacando el deseo de poder garantizar el derecho de todos los ciudadanos a recibir una asistencia odontológica de calidad, universal y gratuita.

Y, por otro, dar a conocer tanto al ministro de Sanidad y Consumo, como al presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados y a los distintos representantes universitarios, los actuales problemas de nuestra profesión: plétora profesional, ausencia de numerus clausus, paro y subempleo, intrusismo o la existencia de una publicidad engañosa y denigrante, que cada día golpean nuestra ya maltrecha dignidad profesional.

Este conjunto de reuniones han tenido una especial importancia para nuestra profesión: la mayoría de los representantes políticos y sociales desconocían la situación de crisis profesional y económica a la que nos enfrentamos desde hace ya ocho años. Además, que las soluciones que se podrían encontrar para nuestros problemas son muy diferentes a las que habitualmente aplican y plantean nuestros políticos en otros ámbitos profesionales de la Sanidad. Por ello, es necesario reconocer que la mayor parte de los profesionales de la Odontología en este país han tenido que plantar cara a la crisis sin poder recortar sus gastos corrientes, sin disminuir la calidad de los materiales utilizados y, sobre todo, mejorando la atención a cada uno de sus pacientes, a pesar de una disminución progresiva de los ingresos, circunstancia a la que han hecho frente en muchos casos, con su propio patrimonio. Todas estas circunstancias deben de ser conocidas de primera mano por las autoridades políticas e institucionales, para que comprendan las singularidades de nuestra profesión, la reconozcan como un servicio público necesario y para que se busquen de manera urgente un conjunto de soluciones para una profesión, que siempre ha cumplido con sus obligaciones y cuyos privilegios, son tópicos del inconsciente colectivo, afortunadamente, ya anclados en el pasado.

Los ponentes de la VII Jornada Informativa del Consejo General sobre especialidades en Odontología han reclamado su necesaria implantación en España, para evitar así agravios comparativos con otros países de la Unión Europea. Asimismo, han incidido en la necesidad de implementar y planificar un plan de formación de tres años a tiempo completo, haciendo hincapié en la creación de una comisión nacional de dicha especialidad integrada por odontólogos.

Pero, además de una interesante jornada informativa, en la que cada uno ha tenido la oportunidad de expresar su opinión y experiencias, este acto ha posibilitado un acercamiento personal, para iniciar así, el fin de la “guerra fría” en la que se habían convertido las relaciones entre el Consejo General, las universidades y las sociedades científicas.

No es momento de indagar ni buscar las razones que en su día propiciaron esta situación, ni tan siquiera de declarar a vencedores o vencidos, en una batalla entre próximos, que nunca debió iniciarse.

Las especialidades oficiales de la Odontología, deben convertirse en una de las principales reivindicaciones del actual Comité Ejecutivo. En primer lugar, porque el desarrollo científico, técnico, social y profesional de la Odontología así lo exige, y en segundo lugar, porque culmina el desarrollo de la ley que dio origen a la profesión de odontólogo en nuestro país; y también, porque nuestros jóvenes necesitan cada vez, ser más competitivos, en un mercado profesional que ya no tiene fronteras.

Los ministerios responsables de su creación y desarrollo, solo nos escucharán y atenderán nuestra justa demanda, cuando los interlocutores sean una sola voz que hable exclusivamente en nombre de todos los dentistas de España sin anteponer viejas rencillas ancladas en el baúl de los recuerdos.

Pero no olvidemos que el camino será largo, sinuoso y lleno de obstáculos, y que también existen, muchos intereses en contra de su creación, unos confesables y otros que siguen agazapados en la sombra de los intereses particulares.

Por esta circunstancia es necesario, a partir de ahora, aproximar y consensuar posiciones para que realmente las especialidades en Odontología se conviertan en un objetivo común de todos. No serán necesarios grandes debates ni estrategias políticas arriesgadas, sino la búsqueda de una fórmula docente y eficaz que contente a la mayoría.

Como decía Paulo Coelho, una gran conquista es siempre el resultado de pequeñas victorias que suelen pasar desapercibidas.